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Tu condición humana

Melissa Amezcua Bernal mayo 12, 2011

Tu condición humana


Me encontré con un túnel y por meloso que pueda sonar, y como he leído de varias experiencias luego de la muerte de Sábato, ese túnel llegó a mis manos en el momento indicado. Pienso que si lo hubiese leído en otro tiempo de mi vida, nada hubiera significado.

Yo tenía un novio que quise tanto como Juan Pablo Castel quería a María Iribarne, también se obsesionó conmigo, pero afortunadamente nunca intentó matarme.

El túnel llegó un 6 de marzo, día en que hace 21 años yo nací. Luego de pasar un mal domingo, un buen amigo me llevó a cenar, le dije “estoy en mi peor etapa” y el respondió que debería leer a Sábato. En ese momento le conocía pero no por experiencias propias con sus obras. Me prestó el túnel y creí que en dos días lo terminaría, pero la verdad es que lo dejé arrumbado en el piso del cuarto que compartía con una inglesa en Guadalajara; luego de supuestos colapsos nerviosos, me mudé al Distrito Federal y busqué trabajo como periodista.

Un día de esos en los que pasas horas en una sala de espera, o lobby qué sé yo, me llamó un tipo que trabaja en un periódico de circulación nacional; no me contrató y sólo me dio buenos ánimos para no cambiar de carrera.

En el intermedio entre la espera y la entrevista caminé al Paseo de la Reforma. Le di las gracias imaginarias a mi amigo por haberme prestado el libro; días antes ya me había dicho: “No me queda de otra, te lo regalo”. Saqué el túnel de mi bolsa y lo leí en una banca junto a un hombre que me recordaba a mi padre, me faltaron 20 hojas para terminarlo.

Después de diez días de querer permanecer dentro de un laberinto mental, de un libro y en varias relaciones tormentosas, decidí que era tiempo de abandonar el túnel.

Ahora puedo decir que Sábato me ayudó a reír de mi supuesta locura. Sin la muerte de Iribarne, nadie nunca habría podido salir de ese maravilloso pero hasta cierto punto incómodo túnel; probablemente existan muchas personas con penas existenciales como las de esa pareja. El Túnel se convirtió en una de mis novelas favoritas.

Fuí a una librería en la colonia Roma a buscar más obras de Ernesto y me dijeron que sólo tenían el mismo título que yo, esto ocurrió un día antes de su muerte.

Cuando supe que había fallecido, lloré por otras razones pero igual lloré. ¿Ahora quién me va a hacer reír con el asesinato de una mujer o a quien voy a leer en mis fallidas entrevistas de trabajo para convertirme en periodista? Extrañaré eso, seguro alguien me diría que lo relea hasta el cansancio. No lo haré.

Días posteriores a su muerte, supe como Andrés Neuman se acuerda del día en que se encontró con Sábato en Madrid y le dijo: “Es un honor verlo” a lo que Ernesto respondió: “¡yo le había entendido no sé qué de un horno!”.

De nuevo y además de otros sentimientos sobre ti pero ¿quién va a provocar sonrisas a causa de tus letras o respuestas? Te conocí.

 

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